Blog montañero

 

Hace casi un mes que no escribo, y no porque no haya habido cosas que contar, que las hay. Más bien por trabajo. Finalmente pasó el confinamiento más duro y empezaron los paseos. Yo decidí quedarme en casa y seguir haciendo bicicleta estática para mantenerme en forma. Cuando se inició la fase 1 tocó ir volviendo a la oficina. Poco a poco, sólo media jornada presencial y dos días por semana. El resto trabajando en casa. Bien, ese fue el día que decidí volver a la calle. Durante dos semanas, aún pudiendo salir del municipio al tener ficha federativa, decidí limitar mis paseos al municipio, que no es otro el pequeño enclave de La Llagosta. Este término municipal es el más pequeño de la comarca y buena parte de él es suelo urbano, pero aún así tenemos diversos espacios que vale la pena conocer.

El primer día de salidas, el 25 de mayo, decidí acercarme a la humanizada pero hermosa Riera de Caldes, que en las últimas fechas tiene bastante más agua de lo acostumbrado.

Puente en la Riera de Caldes

 
 

14 de agosto de 2017. No hemos dormido mal, aunque hemos tenido un poco de fresco hacia el final de la noche. Como es costumbre ya, salimos de los últimos hacia la cima, logrando empezar a caminar poco después de las 6 de la mañana. La cima a la que queremos llegar se ve claramente y la traza está muy marcada en la nieve. El primer tramo es amplio y sube suavemente, pero a medida que nos acercamos a la cresta la costa no pinta tan cómoda. 

Subiendo hacia el castor

 
 

13 de agosto de 2017. No son las 14 todavía. Hemos descendido de la hermosa Punta Zumstein hasta los teleféricos y ya estamos en Staffal, en el coche. Primera parte sorprendentemente realizada con éxito y a tiempo. Ahora toca revisar mochilas en el coche y coger lo antes posible los remontes hacia Bettaforca, al otro lado del valle de Lys.

Bettaforca y Rothorn subiendo al Quintino Sella

 

 
 

13 de agosto de 2017. Hemos dormido a más de 4.500 metros de altura y se ha notado. He podido dormir bastante y bien durante algunos ratos largos, pero me he despertado un par de veces y el dolor de cabeza, aunque muy leve y llevadero, persiste. En una de las veces que me he despertado me he asomado a la ventana para ver las montañas y el cielo. Hoy es uno de los días de máxima actividad de las Perseidas, la famosa lluvia de estrellas conocida como las Lágrimas de San Lorenzo. En 10 o 15 minutos he visto un par de estrellas fugaces, pero no más. Finalmente se hacen las 5 de la mañana, que era la hora a la que había que empezar a prepararse. En un rato nos vienen a hacer mediciones otra ves para el estudio de adaptación en altura. Tras una tarde y una noche de descanso sigo a 110 pulsaciones y a un 70 % de saturación de oxígeno. Parece que mi adaptación a la altura no acaba de ser buen, aunque me dicen que no es una resultado malo. Mi compañero otra vez a 60 pulsaciones y 95 % de saturación de oxígeno. 

Zumsteinspitze desde el Collado Gnifetti

 

 
 

12 de agosto de 2018. No recuerdo a qué hora nos despertamos, pero diría que fue a las 4 o a las 5 de la mañana. Refugio lleno y colas para tomar nuestra mantequilla y coger té, etcétera. Nos levantamos pronto pero acabamos saliendo los últimos del refugio. Esto sería tónica habitual en todos los ascensos que hicimos ese verano, en los que si no éramos los últimos en empezar a subir, casi. Aquí toca madrugar para evitar caminar por las tardes, cuando la nieve está más blanda y la caída a grietas es más probable. Por suerte nuestro camino está bien cubierto de nieve, y más después de las recientes nevadas.

Después del desayuno toca ponerse casco, crampones, arnés y cuerda, lo que también nos retrasa. Se nota quién tiene experiencia alpina y quién no. Una vez conseguimos tenerlo todo puesto empezamos a "caminar". Lo pongo entre comillas porque el Refugio Gnifetti está en un enorme promontorio rocoso y hay que bajar por una ferrata bastante corta. No hay más complicación que bajar unas grapas metálicas en la roca, pero con la cuerda, crampones y sobre todo el viento fuerte con el que se levantó el día era todo un poco más complejo. Y como no somos los únicos que bajamos por ahí hay que esperar a que vaya bajando la gente mientras te estás quedando pajarito por el frío. Vaya inicio... 

Por fin conseguimos bajar al glaciar, no recuerdo en cuánto tiempo, pero me pareció mucho para unos metrillos. Allí las complicaciones se acabaron por un rato. La subida era amplia y llevadera y empezaban a aparecer grietas pero eran fáciles de sortear. A las 7 de la mañana ya había parado el viento y echamos la mirada atrás al refugio.

Por encima del Refugio Gnifetti

 

 
 

10 de agosto de 2017. Otro día de mal tiempo y lluvia en los Alpes italianos. Por suerte empezamos el día con los abundantes desayunos de buffet en Villa Tedaldi, con boles de yogur natural, crema de cacao que parece natural, mermelada y otras delicias que nos alegran cada mañana de nuestra estancia. Hoy toca mercadillo en el pueblo, comprar deliciosos quesos locales y una visita al espectacular pueblo abandonado de San Grato. Y por la tarde-noche a mover de nuevo las reservas y a cambiar los planes. Nos hemos quedado casi sin días, pero mi compañero quiere aprovechar la ventana de buen tiempo de varios días y hacer lo que podamos en la zona de Gnifetti y Margherita e intentar el Castor, en otra zona distinta. Para hacerlo habría que bajar de Margherita y hacer la aproximación al Refugio Quintino Sella el mismo día. Yo no lo tengo claro e intento hacer un plan más conservador, pero finalmente hacemos las reservas para intentarlo. Veremos...

11 de agosto de 2017. Volvemos a Staffal, donde estuvimos haciendo una disfrutona travesía hace tan sólo dos días. En altura ha nevado y está todo el paisaje cambiado. La idea hoy es tomar dos telecabinas y un teleférico para acabar junto a la Punta Indren, casi a 3.000 metros y hacer la aproximación al Refugio Gnifetti para dormir en altura y aclimatar de nuevo. El primer tramo de telecabina sube hacia Gabiet. 

Staffal desde teleférico a Gabiet

 

 
 

Lo cierto es que no recuerdo muy bien cómo fue el 8 de agosto. Después de dormir en el parque de Issime desayunamos tranquilamente y nos fuimos a dar un paseo por pueblos cercanos. La previsión para ese día no era muy buena, y para el día siguiente era todavía peor.

 

 
 

7 de agosto de 2017. No recuerdo exactamente a qué hora salimos, pero era entre las 6 y la 7 de la mañana según el registro horario de las primeras fotos tomadas. Hoy tocaba intentar el primer cuatromil, el Breithorn, una hermosa y sencilla cima de 4.165 metros de altura. La idea era ver si podíamos coronarlo y luego ver si nos atrevíamos a seguir la cresta hacia el Breithorn Central. Las previsión del tiempo era buena para ese día pero el día siguiente parecía que podía empeorar, por lo que teníamos que decidir si nos quedábamos por allí intentando hacer algo más o bajábamos.

La primera parte era muy sencilla, pues la zona era prácticamente plana y nos ofrecía hermosas vistas. Al poco ya podíamos ver el Pequeño Cervino y el Cervino.

Pequeño Cervino y Cervino

 
 
 

Escribo estos relatos en el confinamiento de 2020, 3 años después de haber vivido mi experiencia en Monte Rosa, con algunos recuerdos difusos pero con un poco de perspectiva. En 2015 pude completar el espectacular Tour del Mont Blanc mientras mis dos compañeros iban a ascender cimas de 4.000 metros de altura. Disfruté del espectacular recorrido circular de 9 días mientras ellos ascendían el Gran Paradiso e intentaron hacer lo propio con el Castor. Su experiencia nos serviría de mucho en esta "aventura" que empezaba con uno de mis compañeros de entonces. Si os interesa la información del Tour del Mont Blanc o los relatos los podéis consultar en esta página: Tour del Mont Blanc

Así pues, el 5 de agosto de 2017 salíamos dos personas de Barcelona en dirección a Monte Rosa dispuesto a intentar alguna cima de 4.000 metros y a disfrutar del maravilloso entorno. La primera jornada básicamente la pasamos en el coche. Una larga ruta combinando autopista, carreteras nacionales, secundarias, algún puerto de montaña. Tras unas cuantas horas, por fin alcanzábamos los Alpes. Hicimos una parada en un merendero a la entrada del macizo, en Lac de Serre-Ponçon.

Merendero en Lac de Serre-Ponçon

 

 
 

Hoy he decidido que ya que tiramos de archivo, habrá que escribir las vivencias en Los Alpes y Dolomitas. Me apetece mucho hacer memoria y redescubrir esos entornos a través de la fotos. Y desde luego, me ayudará a estar mejor preparado para los proyectos que tenemos en mente. Que llegarán, no hay prisa. Y para ilustrar esto ahí va una foto, desenfocada, del Breithorn, la primera cima de más de 4.000 metros que subí. Esa es la vista que tenía el atardecer antes de subirlo.

Breithorn desde el Klein Matterhorn

 

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